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Exclusión de derechos en las fronteras de la UE: ¿la nueva normalidad?

Cruz Roja (17/12/2021)

Fotografía de bielorrusia Antes del Día Internacional del Migrante, la Oficina de la Cruz Roja en la UE pide a la UE y a los Estados miembros que dejen de transformar las fronteras de Europa en zonas de exclusión y exención de los derechos humanos. Toda persona, independientemente de su nacionalidad o condición de migrante, tiene derechos fundamentales; derechos que los estados deben respetar en todo momento. Las opciones políticas actuales destinadas a reducir la migración a cualquier costo y externalizar las responsabilidades de protección están exacerbando los desafíos que enfrentan las personas en movimiento. Es necesaria una acción urgente para defender el estado de derecho y garantizar la rendición de cuentas en las fronteras exteriores de la UE. 

Desde el mar Mediterráneo hasta el Canal de la Mancha y las fronteras con Bielorrusia, las fronteras marítimas y terrestres de la UE se han convertido en sinónimo de tragedia humana y desprecio por los derechos de los inmigrantes que intentan llegar a Europa. El enfoque excesivo en las medidas de control fronterizo y las prácticas peligrosas de disuasión, como el cierre de fronteras, las vallas de alambre de púas y los retrocesos, exponen a las personas a graves dificultades y las privan del acceso a la asistencia esencial. Trágicamente, se han perdido miles de vidas en las fronteras de la UE y, como resultado, innumerables personas han desaparecido sin dejar rastro en los últimos años. A menudo, persisten desafíos importantes para quienes logran llegar a Europa. La separación familiar, las condiciones de acogida indignas, la detención arbitraria y los mecanismos limitados para identificar o abordar sus necesidades son solo algunas de las consecuencias humanitarias del actual régimen fronterizo de la UE. 

Los Estados miembros de la UE dedican importantes recursos a restringir a las personas en terceros países sin las salvaguardias necesarias para garantizar su trato humano. La aparente normalización de la devolución y la persistente elusión de la responsabilidad de garantizar los derechos humanos de los migrantes son sumamente preocupantes. Los países europeos también deben aplicar sus obligaciones en virtud del derecho internacional y de la UE en sus fronteras. Los actos ilícitos deben investigarse rápidamente para que ningún incidente quede sin denunciar y las víctimas de violaciones tengan acceso a reparación. 

Si bien los países europeos dependen de los agentes humanitarios para abordar las consecuencias sobre la dignidad de los migrantes, su trabajo para salvar vidas se cuestiona y cuestiona cada vez más. En fronteras terrestres como las que hay entre la UE y Bielorrusia, experimentan un acceso limitado o irregular a las zonas fronterizas, lo que les impide prestar servicios críticos y trabajos de protección. En el mar, las organizaciones que llevan a cabo operaciones de búsqueda y rescate se enfrentan a menudo a la desconfianza y la falta de apoyo, aunque llenan el vacío creado por la negación de sus responsabilidades por parte de los gobiernos. Las muertes recientes en el Canal de la Mancha son una prueba más de que una combinación de controles fronterizos más estrictos y escasas vías migratorias seguras están obligando a las personas a recurrir a rutas y situaciones más peligrosas. 

Existe un imperativo humanitario acuciante y acuciante de ofrecer asistencia y protección a todas las personas en movimiento, independientemente de su situación. Para permitir esto, la UE debe fomentar y permitir el establecimiento de puntos de servicio humanitario, lugares que brinden un entorno acogedor y seguro para que todos los migrantes accedan a los servicios, sin temor a ser arrestados o denunciados a las autoridades. Este sería un paso importante para ayudar a proteger la vida, la dignidad y los derechos de todas las personas en movimiento. 

En los últimos años, las acciones de la UE destinadas a contrarrestar la migración irregular han socavado los derechos de los migrantes y las necesidades humanitarias. El sufrimiento presenciado en las fronteras terrestres y marítimas de Europa es un duro recordatorio de que los estados deben reintroducir un enfoque de gobernanza fronteriza basado en los derechos humanos. Si bien es importante abordar las consecuencias humanitarias del tráfico y la trata, el enfoque desproporcionado en el control de fronteras y las medidas de externalización ha socavado el bienestar de los migrantes dentro de la UE y a lo largo de rutas migratorias cada vez más peligrosas. Para muchos, los servicios de las redes de tráfico y tráfico son la única opción para alcanzar la seguridad y la protección. 

Con los países europeos acercándose a un punto de inflexión precario en el que los enfoques establecidos en materia de derechos humanos consagrados en el derecho internacional y de la UE corren el riesgo de sufrir una erosión irreversible, pedimos que se respeten los derechos fundamentales de los migrantes, de acuerdo con los valores y estándares europeos. Más allá de las respuestas restrictivas de la gestión de fronteras en nombre de la política de disuasión, atender las necesidades y los derechos de los migrantes es una tarea de solidaridad mundial. 




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